martes, 9 de octubre de 2012

LA BALADA DEL CABALLO BLANCO (1)

Se cumple más de un siglo desde que nuestro admirado Gilbert Keith Chesterton compusiera, en 1911, su célebre The Ballad of the White Horse (La balada del caballo blanco), un largo y bellísimo poema, cuyo tema principal es la victoria del rey Alfredo el Grande en la batalla de Ethandun. Ese es el tema principal pero, en hombre de tanta cultura y tantos intereses como fue Chesterton, reducir ese poema a tan poco sería un error. En los versos de esta bella y extensa balada, podemos encontrar muchos otros asuntos, temas que el autor inglés toca con soberbia maestría y que, en esta leve y sucinta entrada, nos gustaría compartir con vosotros. Podéis hallar datos esenciales de este poema en la siempre socorrida Wikipedia.

El poema, según parece, no ha sido nunca traducido al castellano. Sí he encontrado traducida la dedicatoria, en la estupenda página de Escritores católicos, a cuya entrada sobre "La balada del caballo blanco" os remito. En la dedicatoria, como suele ser habitual en algunos poemas de Gilbert K. Chesterton, comienza situando su obra en un clima en el que se resaltan los contrastes entre la luz y la sombra, entre el caos y el orden, entre el fuego y la tiniebla. Una nube arcaica y una inmensa cara que se vuelve hacia la noche, como metáforas de quién sabe qué pensamientos, pues sorprende la capacidad chestertoniana de crear metáforas de gran poder evocador:

          Of great limbs gone to chaos,
          A great face turned to night--
          Why bend above a shapeless shroud
          Seeking in such archaic cloud
          Sight of strong lords and light?
 
Nótese el uso de la aliteración, propio de la poesía inglesa.
 
En ese contraste de luces y sombras, enseguida se crea el ambiente épico, con un recuerdo
tal vez shakespeariano, con ese enterrador junto a la tumba de siete ingleses que aparecen 
en los versos siguientes de la dedicatoria. Hay luego una referencia al 'dragón de oro' y a un 
tiempo que no es el nuestro, pero al que le debemos lo que somos. Y es en la quinta estrofa 
donde se menciona por primera vez al rey Alfredo: "la Inglaterra de ese amanecer pervive /
y este asunto de Alfredo y el danés / parece como un cuento que todo el pueblo finge / 
demasiado inglés para ser verdad".
 
Esa atmósfera de cuento de hadas, entre la realidad y la leyenda, atmósfera tan querida 
y tan bien compuesta en las ficciones de Chesterton, encuentra en estos versos un buen 
ejemplo de cómo mezclar la Historia y la Fantasía. El poder evocador de los versos 
chestertonianos queda cifrado en las plásticas y pictóricas descripciones de esta 
dedicatoria. Hay auténtica épica en estos versos, recuerdos bíblicos y citas de la épica 
inglesa, con la inevitable referencia al cantar de Beowulf, tan destacado ejemplo de la 
lírica y la épica de la poesía inglesa o anglosajona, por mejor decir.
 
En la estrofa 11, que en inglés dice así
 
          Do you remember when we went
          Under a dragon moon,
          And 'mid volcanic tints of night
          Walked where they fought the unknown fight
          And saw black trees on the battle-height,
          Black thorn on Ethandune?

con nuevos ejemplos de hermosas aliteraciones, y extraña referencia a una luna draconiana 
y al tinte volcánico de la noche, el poeta introduce a sus lectores en la acción, algo muy del 
gusto de Chesterton, entre árboles negros y la negrura de la batalla de Ethandun. Somos 
nosotros los que caminamos en esa batalla ("when we went..."). 
 
Hay casi al final de esta dedicatoria unos versos que han llamado mi atención, por la belleza 
de la forma y la hondura de su sentido. Dicen así:
  
         And I thought, "I will go with you,
          As man with God has gone,
          And wander with a wandering star,
          The wandering heart of things that are,
          The fiery cross of love and war
          That like yourself, goes on."

          O go you onward; where you are
          Shall honour and laughter be,
          Past purpled forest and pearled foam,
          God's winged pavilion free to roam,
          Your face, that is a wandering home,
          A flying home for me.
 
Que en una apresurada traducción podrían quedar de esta manera:
 
Y yo pensé: 'Iré contigo, como el hombre que fue con Dios, y vagaré como estrella errante, 
vagabundo mi corazón irá contigo, la fogosa estrella de la guerra y el amor, que como tú 
mismo, marcha adelante. Oh, avanza, avanza, donde tú estás habrán de estar el honor y 
la sonrisa, pasados la púrpura foresta y la perlada espuma, libres para seguir el alado 
camino de Dios, tu rostro, que es una casa errante, como un hogar volante para mí...' 

En próximas entradas seguiremos disfrutando de este bello y magnífico poema de 
Chesterton, del que, por ahora, solo quise ofreceros unas apreciaciones superficiales y 
lo más sencillas y escuetas que pude.


Que Dios os bendiga siempre y la Santísima Virgen os guarde de todo mal. 
Hasta pronto, amigos

3 comentarios:

Zambullida dijo...

Vaya, parece que has regresado y yo me lo he perdido. Volveré cuando disponga de una conexión decente a Internet. Veo que has escrito mucho. Me alegra, Fran.

FRAN dijo...

Gracias por tu visita, amiga, tan amable como siempre. Vengo de leerte y me quedo preocupado. Por favor, ahora no desistas de la labor empezada, eh.

Saludos

Zambullida dijo...

¡Interesantísimo post! Desconocía, como tantas otras cosas, la vena poética de Chesterton. Fabulosos versos.

Por otra parte esas alusiones suyas tienen mucho sentido, pues la vida del hombre es un constante combate entre la luz y las tinieblas.