domingo, 9 de octubre de 2011

JACQUES FUTRELLE: LA MÁQUINA PENSANTE

Si hay un personaje peculiar dentro de los miles que ha dado la novela policial este es, sin duda, el de "la Máquina Pensante". No es demasiado conocido para el público, en general, pero estoy seguro de que, quien lea alguna de las aventuras donde aparece, no se sentirá defraudado.

El inteligente, imaginativo y aventurero personaje de "la Máquina Pensante" fue creado por el escritor y periodista norteamericano Jacques Heath Futrelle (1875-1912). Este tuvo la desgracia de morir con apenas 37 años en la tragedia del transatlántico Titanic, acaecida el 15 de abril de 1912. 

Su esposa, Lily May Peel, que también era escritora, como él, y con la cual tuvo dos hijos, también viajaba en el Titanic. Parece ser que aquella aciaga noche, Futrelle tuvo que llegar al punto de forzar a su mujer a que entrase en uno de los botes salvavidas. Ella nos ha dejado el testimonio de la última vez que vio a su esposo. Futrelle estaba en la cubierta del barco, fumando un cigarrillo, al lado del célebre hombre de negocios, John J. Astor

Por eso, la última obra de Futrelle, The Lady's Garter, fue publicada póstumamente y en la dedicatoria Lily May Peel dejó escrito: "A los héroes del Titanic, dedico el libro de mi marido". Palabras emocionantes, concisas y llenas de admiración hacia su esposo y los fallecidos en aquella dura noche de abril.


Futrelle es conocido, sobre todo, como ya he citado, por ser el creador del profesor Augustus S. F. X. Van Dusen, vaya nombre, eh, nada menos. Al profesor Van Dusen le llaman "la Máquina Pensante" por su extraordinaria inteligencia, por su capacidad para resolver los más intrincados problemas de índole policial (y no solo de este tipo) y por el ingenio que despliega en cada una de sus acciones. Al profesor Van Dusen le asiste, acompaña y narra sus aventuras el joven periodista Hutchinson Hatch, una suerte de Watson del mundillo del periodismo, en quien tal vez debamos ver un trasunto del propio Jacques Futrelle.


La más famosa de las aventuras que Futrelle escribió con el profesor Augustus Van Dusen como protagonista se titula El problema de la celda 113 (The Problem of Cell 113, historia que fue publicada en 1905 y luego incluida en el volumen de aventuras The Thinking Machine, de 1907). Manejo una edición española del año 1958, de la magnífica "Antología de las Mejores Novelas Policiales", la cual hace tantos años sacó la Editorial Acervo. Además, el traductor le cambia algo el título que en esta edición es "El preso de la celda número 113" (páginas 69-108). Por su extensión, bien puede considerarse una novel, es decir, una novela corta, más que un cuento o relato.

La narración toma como punto de partida una discusión entre dos hombres de ciencia, el Dr. Charles Ransome y el señor Alfred Fielding, que sostienen que ciertas cosas son imposibles para el ser humano, a lo que Van Dusen, un poco petulante, en palabras del narrador, replica que "Nada es imposible. La mente es dueña de todo. Cuando la ciencia reconozca este hecho, se habrá avanzado mucho" (p. 70 de la edición que cito). 

A partir de ahí, la discusión deriva en las palabras del Dr. Ransome hacia el hipotético caso de una celda donde se encierra a los condenados a muerte y de la que sea casi imposible escapar. 

El Dr. Ransome desafía a "la Máquina Pensante": "Si usted está encerrado en esa celda, ¿podría escaparse?", a lo que Van Dusen replica que sí, por supuesto. El resto lo componen la apuesta, los preparativos del desafío, la imposibilidad de que el preso se comunique, el acuerdo con el alcaide de una prisión para que en ella sea internado Van Dusen, etc. 

Todo lo que el lector pueda imaginar es poco, aunque el lector ya imaginará, por lógica narrativa, que Van Dusen logra escapar de la celda pero ¿cómo lo consigue? Hasta aquí puedo deciros sobre la trama de esta historia, para no matar vuestra curiosidad hacia ella y hacia otras que podáis conseguir con este personaje idea de la pluma de Futrelle.


Aquí no hay crimen, no hay asesinato o robo que resolver, por supuesto, pero nos sirve para comprobar la delgada frontera entre el género policial y el de las novelas de aventuras e intriga en sus primeros años de existencia. Roger Caillois, el escritor, sociólogo y crítico literario francés, insiste en su análisis de la novela policial sobre el hecho de la proximidad de estos subgéneros de la novela, sobre todo en sus inicios y antes de que naciera la novela negra.

En la introducción de esta maravillosa aventura de fuga, tan sorprendente como lógica y posible (no crea el lector en que Futrelle resuelve la apuesta con una solución descabellada) el periodista H. Hatch nos describe al curioso personaje de Van Dusen de esta manera: "Era un Ph. D., un LL.D., un F.R.S., un M.D. y un M.D.S." (más siglas a añadir a su raro nombre, ¿verdad?) Y prosigue diciendo: "Era delgado, con los hombros flacos y caídos del estudioso y la palidez de la vida sedentaria y de reclusión en su rostro afeitado. Sus ojos tenían un perpetuo estrabismo, propio de un hombre que estudia cosas pequeñas [...]. Por encima de sus ojos estaba su rasgo más impresionante: una frente alta y ancha, casi anormal por su altura y amplitud, coronada por una pesada mata de pelo rubio y enmarañado. Todo se conjuraba para darle una personalidad peculiar, casi grotesca" (p. 69).

Futrelle compuso muchas otras narraciones con "la Máquina Pensante", o Van Dusen, como protagonista, que ahora sería largo y enojoso citar, pues son 50 en total, lo que nos da medida de la creatividad y fecundidad de Futrelle como narrador y del éxito que tuvo su personaje, por muy olvidado que hoy esté. Hay una edición moderna en la Editorial Edelvives con algunas de las historias de este personaje, entre ellas la más célebre, que es esta.


Futrelle fue un hombre muy ingenioso, aventurero y un buen cronista de la sociedad de su época. Su contribución al género policial es más que destacable. Muchos han incluido al personaje del profesor Van Dusen y a esta aventura suya en particular entre las 100 mejores narraciones del género policial del siglo XX. Es un puesto más que merecido y es una lectura agradable que os recomiendo vivamente. Incluso a vuestros hijos les gustará.


Gracias por vuestra atención, amigos. Que Dios os bendiga, os libre de todo mal y Nuestra Señora os proteja siempre. Hasta muy pronto.

5 comentarios:

Saturnino José dijo...

Gracias por irnos acercando a mundos tan interesantes. Es una pena que hoy sea tan raro este tipo de relatos ingeniosos. No sé si será que mis gustos son anticuados y hoy predomina poner las cosas feas y oscuras o es que hace falta mucho trabajo para discurrir soluciones inesperadas.

FRAN dijo...

Tiene razón, amigo.

Sepa que muchos de mis gustos también son anticuados.

En cuanto al blog, se hace lo que se puede. No lo actualizo mucho, pero es que esto es una afición, un mero divertimento y un homenaje a Chesterton y a muchas cosas 'aparentemente anticuadas'. No es mi trabajo profesional, claro.

Siento no poder acudir a su blog para darle las gracias. Lo he buscado pero parece no tenerlo.

Aun así, por si leyera esto, mil gracias.

Saludos

Zambullida dijo...

No tenía noticias de este escritor, como de tantas otras cosas. Fascinante la hª de su vinculación al hundimiento del Titanic: puedo imaginármelo en la cubierta fumándose su último cigarrillo. Gracias por la reseña.

Saturnino José dijo...

Oh, no tengo blog, si supiera escribir la mitad de bien que usted lo tendría.
Y no se preocupe por las actualizaciones, creo que todos los que le seguimos preferimos poco de calidad antes de perder su toque sutil y su claridad. Continue así.

FRAN dijo...

Muy agradecido de nuevo, amigo. Es usted muy humilde, seguro que escribe bien.

Aunque no tenga blog, le hago llegar desde aquí mi gratitud y mi sincero aprecio. Tiene usted toda la razón: mejor poco y bueno, que mucho y malo.

Lo decían los griegos y es así, en general: "mega biblon, mega kakon", libro largo, libro malo...

Saludos