martes, 10 de enero de 2012

AÑO NUEVO, BUENAS NUEVAS CHESTERTONIANAS

Nació este nuevo año de 2012 sin demasiadas noticias de graves catástrofes -salvo las ya consabidas de la economía, que parecen no tener remedio- y, antes de que pasen más días y me alcance ese fin del mundo que se anuncia en calendarios mayas y a mí se me antoja una nueva filfa de los agoreros y falsarios de turno, quería venir a saludaros, a fin de dejar constancia de mis mejores deseos de año nuevo para todos vosotros, amigos, y para vuestras familias. Que durante este año Dios os colme de toda clase de bendiciones y seáis felices, viviendo la vida con salud, alegría, paz y amor.

Aprovecho el escrito para comentar un par de novedades chestertonianas. Es año nuevo y, por fortuna, hay muchas y buenas nuevas en lo que se refiere a nuestro admirado G. K. Chesterton. Os las iré comentando sin mucho orden y concierto, pero quedará bien sazonado el plato, ya que los ingredientes son de gusto exquisito y para nada grasos o pesados. Al revés, el menú que voy a ofreceros sin duda os sabrá a poco, pero os sabrá delicioso.

En primer término, debemos celebrar que el Club Chesterton de la Universidad CEU San Pablo de Madrid va a organizar un congreso en Madrid para conmemorar el 75 aniversario de la muerte de Chesterton, que se cumplió en el año de 2011.

A ese magnífico evento van a asistir algunos de los más famosos y reputados chestertonianos de la actualidad, como son Dale Ahlquist (en la foto de al lado), que es el Presidente de la American Chesterton Society; el Padre Joseph Pearce, uno de los mejores biógrafos de Chesterton, a quien he citado en la entrada anterior a esta; y Aidan Mackey, fundador del Centro de Estudios G. K. Chesterton, de Oxford, y excelso conocedor de la vida y la obra de G.K.


El congreso se celebrará
en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de la Universidad CEU San Pablo, entre el 27 y 28 de febrero de 2012. Es interesante añadir que pueden presentarse comunicaciones hasta el 16 de enero, con lo cual aquellos lectores y apasionados de la obra de Chesterton pueden contribuir con su granito de arena para festejar la singular efeméride en nuestra tierra. En el enlace podéis pinchar para leer el programa completo del congreso G. K. CHESTERTON, 75 AÑOS DESPUÉS DE SU MUERTE.

Otra buena nueva chestertoniana de indudable interés la hallamos en las páginas de la web del Padre Javier Alonso Sandoica. Se trata de un ameno y penetrante artículo sobre uno de los temas centrales acerca de la vida de Chesterton y es su conversión al catolicismo. En este artículo, titulado precisamente "¿Por qué Chesterton se convirtió al catolicismo?", el P. Javier Alonso -el famoso y simpático cura de la tele- hace un recorrido por la vida de nuestro autor y enumera las razones que le llevaron a dar el paso más importante de su vida, su conversión en 1922, hecho aquel que fue tan incomprendido por varios de sus contemporáneos como crucial para sellar definitivamente su pensamiento y su ideario vital. Merece la pena que, si tenéis tiempo, le echéis un vistazo a ese texto, al que os remito en el enlace de arriba. No podríamos entender la mayor parte de la obra chestertoniana sin comprender el alcance que tuvo esa conversión en su vida.

Otra novedad chestertoniana de estas navidades nos la trajo nuestra querida amiga Zambullida, a través de Zenit. El 8 de diciembre pasado el periodista alemán Alexander Kissler presentó Navidad con Chesterton. La velada literaria, en la serie Domspatz Soirée, se celebra en el Movimiento Cultural de Munich, Alemania. Domspatz Ragg promueve la cultura cristiana a través de sus propios eventos y publicaciones. En la velada se dieron a conocer textos humorísticos de Chesterton, muchos de ellos de reciente aparición en alemán, con su crítica del consumo hueco, que hoy nos resulta más oportuna que nunca. La Navidad recorre gran parte de la obra de G. K. Chesterton, sea en sus artículos periodísticos, sea en sus poemas, algunos de los cuales, de tema navideño, he publicado aquí mismo en años anteriores.

Por último, cabe añadir a este desordenado florilegio de noticias chestertonianas la de que, al ser este el año del 200 aniversario del nacimiento del célebre autor Charles Dickens, sin duda alguna el mejor novelista inglés del siglo XIX, sería muy recomendable releer (o tal vez leer, si es que no la habéis leído) la excelente y elogiosa biografía que Chesterton le dedicó en 1906. Esta biografía, como todas las de su autor, rebosa conocimiento sobre el personaje y su obra y destaca por su originalidad (no se busquen en ella el consabido mareo de fechas y el agobiante aparato crítico de notas propio de otras biografías) y por su feliz descubrimiento del auténtico relieve de Dickens en las letras inglesas. Para aquellos lectores que se manejen con el inglés, pueden acceder on-line a esa excelente y amenísima biografía en este enlace

Nada más (y nada menos), por el momento, amigos. Que Dios os bendiga siempre y la Santísima Virgen os guarde de todo mal y viváis un año lleno de dichas, sean grandes o pequeñas, en compañía de todas aquellas personas que os quieren. 

Nos leemos en la próxima entrada del blog, en la que volveremos de la mano del Padre Brown. Hasta pronto.

jueves, 22 de diciembre de 2011

GILBERT K. CHESTERTON: EL CANDOR DEL PADRE BROWN (1)

Desde luego, no tengo perdón como bloguero. Casi termina el año de 2011 sin que tratemos del bueno del Padre Brown, siendo como es este año el del centenario de su creación, merced a la fértil, ocurrente y profunda pluma de nuestro admirado y querido Gilbert Keith Chesterton. Al fin, tras las tareas propias de mi ocupación profesional, he podido sacar un rato para escribiros algo sobre el célebre curita de Essex. 

Estas humildes pero admirativas entradas sobre Chesterton y su Padre Brown van dedicadas a nuestro amigo Alejandro, de Venezuela, que no hace mucho ha descubierto a este maravilloso autor y su personaje y cuya amistad, a través de su excelente blog, me honra y la agradezco en grado sumo. Así pues, estas entradas sobre el P. Brown han sido escritas especialmente para ti, Alejandro. Espero que te gusten. 

En realidad, el personaje del Padre Brown no nació en 1911, sino en 1910, cuando Chesterton escribió el primer cuento, "La cruz azul" ("The Blue Cross"), que tampoco se llamó así en un principio. Sea como fuere, Chesterton reunió las doce primeras aventuras con el Padre Brown como protagonista y se publicaron como libro, con el título de El candor del Padre Brown (The Innocence of Father Brown) en 1911, de ahí que sea esta fecha la que consideremos para celebrar el centenario de este famoso detective de ficción. 

Y, para ser más exactos, aún podríamos afirmar que el personaje del curita aparentemente distraído y astroso no nació en 1910, sino un poco antes, puesto que, según confesión del propio autor, estaba basado en una persona de carne y hueso: el Padre John O'Connor, sacerdote católico irlandés. 

Antes de tratar sobre el personaje y sus maravillosas aventuras, consagraremos esta primera entrada a su creación, a la forma en que nació, para lo cual se hace imprescindible que relatemos de qué modo trabaron amistad Chesterton y el Padre O'Connor. 

En la excelente biografía de Chesterton escrita por Joseph Pearce (G. K. Chesterton. Sabiduría e inocencia, Encuentro Ediciones, 1998) podemos encontrar algunas referencias interesantes sobre ambos personajes y su amistad. En febrero de 1903, O'Connor había escrito a Chesterton para expresarle su admiración: "Soy un sacerdote católico y, aunque creo que no es usted muy ortodoxo en algunos detalles, en primer lugar quiero darle las gracias de todo corazón, o quizá debería dárselas a Dios por haberle concedido esa clase de espiritualidad que a mi juicio hace que la literatura sea inmortal" (Obra citada, p. 123). 

Finalmente, fue en el año de 1904 cuando Chesterton y O'Connor pudieron conocerse en persona. 

El propio Chesterton nos relata ese encuentro en su Autobiografía (1936): "Había ido a dar una conferencia a Keighley, en los 'moors' de West Riding, y había pernoctado allí con uno de los ciudadanos destacados de aquella pequeña ciudad industrial, el cual había reunido un grupo de amigos [...], entre ellos el cura de la Iglesia Católica, un hombre pequeño con cara agradable y expresión de gnomo. Me llamó la atención el tacto y la gracia que demostraba [...]".

Tiempo más tarde, Chesterton descubrió que aquel buen sacerdote, aparentemente cándido, inocentón e ignaro, en realidad sabía mucho más de las maldades humanas que los más pérfidos hombres de aquella hipócrita sociedad. En comparación con él, dos malhechores eran como dos bebés, en cuanto a su conocimiento del mal. 

Así fue como nació el Padre Brown, como Chesterton comenta, de nuevo en las páginas de su Autobiografía: "Y surgió en mi mente la vaga idea de dedicar a un fin artístico estos cómicos despropósitos que eran, al propio tiempo, trágicos, y construir una comedia en la que un sacerdote aparentaría no saber nada, conociendo, en el fondo, el crimen mejor que los criminales. Puse esta idea esencial en un cuento ligero e improbable, llamado "La cruz azul", continuándolo a través de las series interminables de cuentos con que he afligido al mundo. En resumen, me permitía la seria libertad de tomar a mi amigo y darle unos cuantos golpes, deformando su sombrero y su paraguas, desordenando su ropa, modelando su rostro inteligente en una expresión llena de fatuidad y, en general, disfrazando al Padre O'Connor de Padre Brown" (Obra citada, p. 125). 

No obstante, Chesterton siempre aclaró que el Padre Brown solo se parecía al Padre O'Connor en su inteligencia, en su ingenio, intuición y conocimiento del alma humana, con todo lo bueno y lo malo que tiene esta, pero en nada se parecía al pobre curita en su carácter simplón o en su vestuario desharrapado y descuidado. Con estas premisas, el carácter y la personalidad del "curita de Norfolk" ya estaban forjados. Solamente había que situarlo en la escena de cada crimen, de cada pecado o debilidad humana y él, aunque en apariencia ausente y distraído, sabría penetrar en cada uno de esos enigmas humanos mucho mejor que los policías y detectives oficiales.

En la encantadora e ingeniosa historia de "La cruz azul" aparece también el personaje de Hércule Flambeau, el gigantesco ladrón, luego detective y fiel compañero de aventuras de Brown, que es sorprendido por la astucia y la sagacidad del cura católico. También aquí hace su aparición el superdetective oficial, Valentine, igualmente francés, como Flambeau. Los tres personajes pudieran ser vistos (y, de hecho, así lo han advertido algunos críticos) como una alegoría. 

Al final del cuento, los dos personajes franceses, el que vive ajeno a la Ley (Flambeau) y el que aparentemente la representa (el inspector Valentine) se quitan el sombrero ante la genialidad del Padre Brown, el cual hace como que busca su paraguas, resultando una suerte de alegoría amable de la Crucifixión: Cristo (el sacerdote), sacrificado y humilde entre los dos ladrones, el buen ladrón (Flambeau) y el mal ladrón (Valentine). Pero no debo daros más detalles acerca de esta y las subsiguientes historias que forman el libro de El candor del Padre Brown. Lo dejaremos para la siguiente entrada, si os parece bien.

En fin, quisiera desearos que paséis unas felices fiestas en la compañía de vuestros familiares y amigos. 

¡FELIZ NAVIDAD! ¡FELICES PASCUAS, AMIGOS! Y que el próximo año de 2012 os traiga toda clase de bendiciones, en forma de salud, amor, alegría, esperanza y todas las cosas buenas y deseables.

Que Dios os bendiga y Nuestra Señora, la Santísima Virgen, os proteja siempre. Hasta muy pronto, amigos.







jueves, 1 de diciembre de 2011

BARONESA DE ORCZY: EL VIEJO EN EL RINCÓN

Emma "Emmuska" Orczy, Baronesa de Orczy (1865-1947), fue, además de aristócrata, novelista y la creadora del célebre personaje de la Pimpinela Escarlata (The Scarlet Pimpernel, 1905),  protagonista de una serie de novelas en las que ese intrépido aventurero inglés, oculto bajo los más impensables disfraces, se dedicaba a rescatar y salvar a condes, barones y otros nobles franceses atribulados para ayudarles a escapar de la cruel Madame Guillotine, en los sangrientos tiempos de la Revolución francesa y del régimen del Terror de Robespierre y compañía.

Hoy que vivimos en un mundo en permanente cambio y donde los aristócratas y nobles están, en general, muy mal vistos, no sabemos si quien tendría que haber escapado habría sido el propio Pimpinela, antes de ser perseguido por los "indignados" de medio mundo. Sea como fuere, este sagaz personaje le dio fama a la Baronesa de Orzcy, aunque si ahora la traemos aquí para someterla a vuestro buen juicio y consideración no es como creadora de la Pimpinela Escarlata, sino como autora de relatos de misterio. 

En efecto, la Baronesa de Orczy es también la creadora de un singular detective, el viejo en el rincón. Lo peculiar de este "viejo en el rincón" es precisamente que pertenece a esa especie de detectives que resuelven los casos que se les plantean sin moverse de su residencia. 

En realidad, este era uno de los tipos o formas que ya había preludiado el genial Edgar Allan Poe en su historia "El misterio de Marie Rôget", ya tratado en las páginas de este blog. En esa aventura, el analítico Dupin desvela el asunto sin moverse de su cuarto, guiándose tan solo por las especulaciones que realiza al leer los artículos de diversos periódicos parisinos. De igual modo, el viejo en el rincón desentraña los enigmas que le plantean sin moverse de su "rincón". Más adelante me referiré a otros célebres personajes de esta extraña estirpe de 'detectives inmóviles'.

La primera aparición del viejo en el rincón (The Old Man in the Corner) es de 1901, en la revista The Royal Magazine, en una serie de "Seis misterios de Londres", aunque la primera vez que vio la luz en forma de libro fue en 1909, en un volumen de breves historias policiales, entre las que destacan "La misteriosa muerte en Percy Street", "El crimen de Regent's Park" o "El misterio de Dublín", entre otros. 

Las historias son narradas por la señorita Polly Burton, una joven periodista, tal vez trasunto juvenil de la propia baronesa, que relata de forma amena y objetiva las asombrosas cualidades deductivas que el viejo en el rincón usa para desvelar los más intrincados misterios. 

No sabemos a ciencia cierta quién es este hombre tan agudo e inteligente. Tampoco se nos dice cómo se llama o a qué se dedicaba en su juventud. Lo que sabemos es que el viejo es un hombre que razona sin moverse, un hombre que es puro pensamiento desde la inmovilidad de su cuarto. Mientras se encuentra sentado en un sillón, tomando té con leche y tarta de queso, realiza los más sorprendentes ejercicios de análisis deductivo, llegando a desenmascarar a muchos criminales. 

Cabe decir que el viejo en el rincón sería la antítesis de todos aquellos detectives de acción, al estilo de la mejor novela negra, tales como Sam Spade, Philip Marlowe o Lew Archer, por citar a los más conocidos. El viejo no precisa de rocambolescas aventuras, de arriesgados números de circo ni de acrobacias con una pistola en ristre. Es un hombre ciertamente intelectual, como el Profesor Van Dusen, de Futrelle, pero más viejo. Su inmovilidad se debe, sin duda, a su vejez pero ese impedimento físico no le afecta para nada para el desarrollo de sus capacidades mentales.

Se ha escrito que el personaje de la Baronesa de Orczy es el primero de los detectives inmóviles o "de sillón" (armchair detectives, por decirlo en la forma inglesa) pero ya hemos visto que existía el conocido antecedente de Poe, aunque lo que en Dupin es cosa de una aventura, se constituye en rasgo permanente e indiscutible del viejo. Otros detectives "de sillón" serían el orondo bebedor de cerveza y cultivador de orquídeas, Nero Wolfe, de Rex Stout (a quien en un futuro le dedicaremos algunas entradas aquí) o el cachazudo Isidro Parodi, de Borges y Bioy Casares, que resuelve los enigmas desde su celda, en la que cumple condena por un delito que, encima, no cometió.

En suma, el "viejo en el rincón" es uno de los detectives más peculiares de la amplísima galería de personajes que el género nos ha dejado desde que comenzara oficialmente, con las narraciones detectivescas de Poe, de mediados del siglo XIX. 

El gran mérito de la Baronesa de Orczy fue dotar de consistencia, validez y amenidad a un tipo de detective que podría no haber durado más de un par de casos. Lo peor es que, dada la inmovilidad y estatismo del personaje, muchos de los crímenes quedan resueltos pero nadie se ocupa de atrapar al culpable, con lo que se infringe una regla básica de la narración policial: que la acción de la Justicia alcance a los malhechores.



Con todo, merece la pena que los lectores se acerquen a las historias del "viejo en el rincón". Sin duda, se divertirán. Las próximas entradas sobre novela policial estarán dedicadas (al fin) a las aventuras del Padre Brown, de nuestro querido y admirado Gilbert Keith Chesterton.

Que Dios os bendiga a todos y Nuestra Señora os proteja siempre. 

Hasta pronto, amigos.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

ORACIONES TRADICIONALES (15): EL NUNC DIMITTIS

Hacía mucho que no escribía una entrada de las oraciones tradicionales y ya era hora de hacerlo. Para bien o para mal (espero que sea para bien) este es un blog católico y no puede dejar de serlo. Lo contrario sería un absurdo, vistos los temas que trata. Por eso, de vez en cuando me gusta dejaros alguna reseña sobre oraciones tradicionales de la Iglesia. La mayoría las conocéis, pero otras tal vez os resulten nuevas, a pesar de existir desde hace siglos.

Hoy, Día de todos los fieles difuntos, y tras el Día de Todos los Santos, me parece conveniente escribiros sobre una de las oraciones más breves y hermosas de la liturgia cristiana. Se trata del Nunc dimittis (literalmente, Ahora, Señor, despides...), también conocido como "Canto de Simeón". 

Es una de las oraciones más antiguas de nuestra Iglesia: aparece en el Evangelio de San Lucas (Lc 2: 29-32), en griego. Es una oración que, a mi juicio, resulta adecuada para estos días. El título de "Nunc dimittis" procede de las palabras iniciales de este himno en la versión latina de la Vulgata.

Según nos cuentan, el Espíritu Santo le había prometido al devoto Simeón que no moriría sin haber visto al Salvador con sus propios ojos. 

Esta promesa se vio cumplida el día en que Nuestra Señora la Virgen y San José llevaron al Niño Jesús al Templo de Jerusalén para la ceremonia de consagración. El viejo Simeón vio al Niño, lo tomó entre sus brazos y, según la tradicion, cantó el himno que figura más abajo. 

Es una hermosa oración de gratitud, que se reza en la Liturgia de las Horas, y más concretamente en el oficio de Completas. 

Estoy seguro de que este "Canto de Simeón" os gustará mucho. Más de una vez, a mí me ha confortado rezarlo. Os dejo aquí la versión latina (el original está en griego) acompañado de una traducción castellana:

 
NUNC DIMITTIS (VERSIÓN LATINA)

Nunc dimittis servum tuum, Domine, 
secundum verbum tuum in pace:
Quia viderunt oculi mei salutare tuum
Quod parasti ante faciem omnium populorum: 
Lumen ad revelationem gentium, 
et gloriam plebis tuae Israel.



NUNC DIMITTIS -"AHORA, SEÑOR, SEGÚN TU PROMESA..."-
(VERSIÓN CASTELLANA)

Ahora, Señor, según tu promesa, 
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador, 
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel. 









Que Dios os bendiga a todos y la Santísima Virgen os proteja siempre. Hasta pronto, amigos.

viernes, 28 de octubre de 2011

GASTON LEROUX: EL MISTERIO DEL CUARTO AMARILLO

Una de las novelas policiales más sorprendentes que se han escrito es, sin duda, El misterio del cuarto amarillo, del autor francés Gaston Leroux (1868-1927). Leroux es también el creador de la famosa novela El fantasma de la Ópera (1910) que, si bien no cabe considerarla como novela policial, presenta un relato de misterio con tintes casi policiacos.

Gaston Leroux, aunque también era abogado y cronista judicial, dedicó casi toda su vida al periodismo y a la escritura de novelas, siendo algunas de las más célebres las que tienen como protagonista a su más famoso personaje, el detective Joseph Rouletabille, el cual aparece en ocho novelas, la más importante de las cuales es precisamente El misterio del cuarto amarillo, la primera de la serie de "Rouletabille".

El misterio del cuarto amarillo (Le Mystère de la Chambre Jaune) fue publicada en 1907 y presenta aquello que se denomina "problema del recinto cerrado" o "misterio del cuarto cerrado", es decir, que se halla a un muerto por asesinato en una habitación en la que parece imposible que un asesino haya entrado o salido. Antecedentes de este tipo de problema de la novela policial los hallamos en el famoso relato de Edgar Allan Poe, Los crímenes de la Rue Morgue, o en la novela de Israel Zangwill, El misterio de Big Bow, ya tratados en las páginas de este blog.

En la novela de Leroux, la joven Mathilde Stangerson es atacada por un misterioso asaltante en el cuarto donde ella duerme, que es el cuarto amarillo. El padre del Mathilde, el científico Stangerson, y el mayordomo, el tío Jacques, tras oír unos disparos, acuden al cuarto amarillo ante las insistentes llamadas de socorro de Mathilde. 

La encuentran sangrando, el cuarto revuelto y de su misterioso agresor solo queda la pistola, que luego se descubre que pertenecía al tío Jacques. Las ventanas y la puerta estaban cerradas por dentro con lo que nadie sabe cómo pudo el asesino entrar o salir del cuarto amarillo.

Ante lo irresoluble de aquel misterio, la Policía contrata los servicios del famoso detective inglés, Frederic Larsan, en tanto que el señor Stangerson contrata al joven detective Joseph Rouletabille, quien resolverá finalmente el caso, a pesar de lo sorprendente de su solución. 

Para conseguirlo, el joven y aventurero periodista Joseph Rouletabille incluso tendrá que viajar a América, además de hacer múltiples pesquisas. En el juicio del caso se acusa a Robert Darzac, el prometido de Mathilde, pero Rouletabille demuestra que Darzac no fue el responsable de la agresión.

El final de la novela resulta sorprendente y no defraudará a nadie que se acerque a ella. Como siempre, los lectores me perdonarán que no descubra la solución que encierran las páginas de esta novela, para que pueda ser disfrutada con la emoción que merece. La novela de El misterio del cuarto amarillo ha sido adaptada al cine en varias ocasiones, desde la primera versión, que se hizo en 1919, hasta una muy reciente, de 2003. 

Rouletabille, con su aire de eterno adolescente, su carácter aventurero y su perspicacia e ingenio, representa muy bien el tipo de detective amateur que nace con el Dupin de Poe y llega hasta nuestros días. Rouletabille aparece en otras aventuras debidas a la pluma de Leroux: El perfume de la dama de negro (1909, con las consecuencias del misterio del cuarto amarillo); Rouletabille con el Zar (1912); La extraña boda de Rouletabille (1914); El castillo negro (1914); Rouletabille con Krupp (1917); El crimen de Rouletabille (1921) y Rouletabille en Bohemia (1922).

Estoy convencido de que esta novela os gustará mucho y os sorprenderá por su argumento y por la resolución final. Leroux es uno de los pioneros de la novela policial, uno de los mejores autores franceses del género y esta, su obra maestra, que bien merece una lectura, puesto que se trata de uno de los clásicos del género.

Que Dios os bendiga a todos y Nuestra Señora os proteja siempre. Hasta pronto, amigos.

martes, 25 de octubre de 2011

TIPOS DIVERSOS Y ENORMES MINUCIAS

Espuela de Plata acaba de publicar dos nuevos libros de Gilbert Keith Chesterton: se trata, ni más ni menos, que de Tipos diversos y Enormes minucias, dos colecciones de artículos a cual más peculiar e interesante. 

Tipos diversos (Varied types) se publicó primero en 1902 con el título de Twelve Types y luego en 1908 con el definitivo de Tipos diversos. La traducción es de Victoria León y el prólogo de Fernando Iwasaki y se publica por primera vez en España, con lo que resulta una auténtica novedad para los lectores de Chesterton en español.

En este librito misceláneo y original, Chesterton recorre la vida de algunos personajes famosos de la Historia, entre los que se encuentran los famosos escritores Charlotte Brontë, Lord Byron, Alexander Pope, Edmond Rostand, Robert Louis Stevenson, Thomas Carlyle, Tolstoi, Walter Scott, Francis Bret Harte, Maurice Maeterlinck, Lord Alfred Tennyson y Elizabeth Barrett Browning, así como personajes de la talla de San Francisco de Asís o reyes como Carlos II, Alfredo el Grande o la Reina Victoria, entre otros.

El libro no tiene desperdicio, pues Chesterton aplica su lupa a cada una de las vidas de estos personajes para darnos su propia visión, que a los lectores les resultará sorprendente y tan fresca y actual como el dia que se escribió.

Enormes minucias (Tremendous trifles) recopila treinta y nueve artículos que Chesterton publicó en el Daily News desde 1901 y que se publicaron en libro en 1909. La edición española está traducida por Vicente Corbí y cuenta con un prólogo de Juan Lamillar.

Algunos de los artículos de este libro figuran entre los más célebres de su autor. El libro se abre, precisamente, con un artículo titulado "Enormes minucias", que otras veces ha sido traducido como "Tremendas bagatelas". En él queda probada la maestría de Chesterton como articulista, su profundidad y su ingenio. Es destacable su artículo "Ventajas de tener una pierna" como ejemplo de humorismo y de lo importante que resulta aprender a vivir con limitaciones. Y merecen citarse también los artículos "El ángel rojo" y "Vislumbre de mi país", aunque todos ellos merecen una atenta lectura.

En definitiva, el lector disfrutará de la magnífica prosa de Chesterton, aunque no siempre comparta sus ideas, como es de esperar. Recomiendo vivamente que los leáis, si tenéis tiempo y ganas. No os defraudarán.

Que Dios os bendiga y Nuestra Señora os proteja siempre. Hasta muy pronto, amigos.

martes, 18 de octubre de 2011

THE SOUTH COUNTRY: UN POEMA DE HILAIRE BELLOC

Los pocos o muchos lectores del blog (sensacionales todos, independientemente de cuántos sean) quizá habrán / habréis observado por su título que no solo está dedicado a Gilbert Keith Chesterton, sino tambien a su esposa, Frances Blogg, y a su querido amigo, Hilaire Belloc

Pues bien, con frecuencia me reprocho a mí mismo por no escribir alguna cosa más sobre Hilaire Belloc (1870-1953), autor excelente, activista político, periodista, historiador, literato y poeta católico anglofrancés. Ya le he consagrado algunas entradas del blog pero no me parecen suficientes. 

Así pues, el otro día me conjuré para buscar y encontrar algún tema sobre Hilaire Belloc y he aquí que, en un viejo libro, una antología de poesía inglesa, The Golden Road, compilada por W. Bertram White en 1949, hallé para mi sorpresa un poema de Belloc. Acto seguido, me puse a traducirlo, de forma muy rudimentaria (como es mi pobre conocimiento del inglés) y, por supuesto, sin forzar la rima en español ni el verso medido. Si hay alguna rima, que la hay, es fruto del azar o de la coincidencia de los finales en castellano, como en cualquier lengua. He de decir, no obstante, que me he permitido algunas licencias, todas ellas con el fin de que el texto sea más accesible e inteligible para el lector de lengua española.

Los lectores habrán / habréis de sufrir esta mi mala versión, ya que no he podido encontrar por ahí otra. Es un poema muy hermoso y estoy seguro de que os gustará y de que lo disfrutaréis tanto como yo. Ahí va, primero en el original inglés, y luego en mi humilde versión:

THE SOUTH COUNTRY

When I am living in the Midlands
That are sodden and unkind,
I light my lamp in the evening:
My work is left behind;
And the great hills of the South Country
Come back into my mind.

The great hills of the South Country
They stand along the sea;
And it's there walking in the high woods
That I could wish to be,
And the men that were boys when I was a boy
Walking along with me.

The men that live in North England
I saw them for a day:
Their hearts are set upon the waste fells,
Their skies are fast and grey;
From their castle-walls a man may see
The mountains far away.

The men that live in West England
They see the Severn strong,
A-rolling on rough water brown
Light aspen leaves along.
They have the secret of the Rocks,
And the oldest kind of song.

But the men that live in the South Country
Are the kindest and most wise,
They get their laughter from the loud surf,
And the faith in their happy eyes
Comes surely from our Sister the Spring
When over the sea she flies;
The violets suddenly bloom at her feet,
She blesses us with surprise.

I never get between the pines
But I smell the Sussex air;
Nor I never come on a belt of sand
But my home is there.
And along the sky the line of the Downs
So noble and so bare.

A lost thing could I never find,
Nor a broken thing mend:
And I fear I shall be all alone
When I get towards the end.
Who will there be to comfort me
Or who will be my friend?

I will gather and carefully make my friends
Of the men of the Sussex Weald;
They watch the stars from silent folds,
They stiffly plough the field.
By them and the God of the South Country
My poor soul shall be healed.

If I ever become a rich man,
Or if ever I grow to be old,
I will build a house with deep thatch
To shelter me from the cold,
And there shall the Sussex songs be sung
And the story of Sussex told.

I will hold my house in the high wood
Within a walk of the sea,
And the men that were boys when I was a boy
Shall sit and drink with me.


Río Severn


LAS TIERRAS DEL SUR

Cuando yo vivía en las tierras de los Midlands,
que son lluviosas y desapacibles, 
encendía mi lámpara al atardecer:
Mi trabajo, a un lado, olvidado,
mientras las altas cumbres de las tierras del Sur
volvían a mi mente.

Las altas cumbres de las tierras del Sur
se alzan en pie a lo largo del mar;
y es andando por entre aquellos espesos bosques
por donde a mí me gustaría estar,
y que los hombres que eran niños cuando yo era niño
me acompañaran en mi paseo.

Los hombres que viven al Norte de Inglaterra
pude verlos todo un día:
sus corazones resbalaban sobre tierra baldía,
bajo cielos veloces y grises;
desde los muros de sus castillos uno puede ver
las montañas en la lejanía. 

Los hombres que viven al Oeste de Inglaterra
contemplan el fuerte río Severn,
rodando sobre ásperas aguas marrones
que pasan ligeras dejando a lo largo su temblor.
Ellos conocen el secreto de las rocas
y la clase más vieja de canción.

Pero los hombres que habitan las tierras del Sur
son los más amables y más sabios,
pues reciben su sonrisa del ruidoso oleaje
y la fe de sus ojos felices
proviene seguramente de nuestra Hermana la Primavera
cuando con sus alas sobrevuela el mar;
las violetas florecen de repente a sus pies
y Ella nos bendice por sorpresa.

Nunca suelo ponerme entre los pinos
pero huelo con frecuencia el aire de Sussex;
ni suelo marchar sobre el suelo de arena
pero mi hogar se encuentra allí.
Y a lo largo del cielo la línea de cascadas
se me aparece tan noble y tan desnuda.

Sería incapaz de encontrar una cosa perdida
ni un remiendo para un descosido:
Y temo que estaré completamente solo
cuando me encamine hacia el final.
¿Quién estará allí para consolarme
o quién será mi amigo?

Me juntaré y con cuidado haré mis amigos
de entre los hombres de los bosques de Sussex;
los que miran las estrellas de pliegues silenciosos,
los que enhiestos cosechan los campos.
Gracias a ellos y al dios de las tierras del Sur
mi pobre alma quedará curada.


Si alguna vez llegara a ser un hombre rico
o si alcanzase la edad de la vejez,
construiría una casa de paja espesa
para abrigarme del frío.

Y allí las viejas canciones de Sussex serían cantadas
y sería cantada la historia que Sussex contó.


Levantaré mi casa en el bosque profundo,
en un paseo cercano del mar,
y los hombres que eran niños cuando yo era niño
se sentarán y beberán junto a mí.


HILAIRE BELLOC (1870-1953)


Espero que os haya gustado. Es un poema tierno, lleno de belleza natural, de buenos presagios y de amor hacia Dios, hacia los hombres (los de las tierras del Sur y los de todas las tierras, claro) y hacia Inglaterra y, por qué no, hacia cualquier lugar que amemos. 

Agradezco vuestra amable lectura. Cuidaos mucho. Que Dios os bendiga y Nuestra Señora os proteja siempre.