martes, 11 de mayo de 2010

PÁGINAS CHESTERTONIANAS

No deja de ser maravilloso comprobar cómo en las enormes y procelosas aguas de Internet aumentan sin cesar las páginas dedicadas a la figura de Gilbert Keith Chesterton. No íbamos a ser nosotros los únicos en escribir sobre el maestro británico, faltaría más. Hay muchas personas a las que este escritor y su obra les gustan tanto que deciden ocupar una buena parte de su tiempo en escribir páginas sobre la vida y los escritos del colosal autor inglés.

Este comentario viene a cuento de un comentario que recibí ayer, desde una página argentina llamada Ensayos de G. K. Chesterton, de Fides y Ratio. Se trata de un blog dedicado especialmente a los artículos y ensayos chestertonianos, los cuales ofrecen traducidos al castellano, lo que supone una enorme ventaja para aquellos que no dominamos la lengua de Shakespeare y deseamos acercarnos al pensamiento de Chesterton para comprenderlo plenamente. 

Este joven blog lleva abierto desde 2009, pero le auguro una vida larga y  fructífera. Estoy seguro de que nos ofrecerá muchos textos de Chesterton que desconocíamos o que estaban en inglés y, por tanto, no eran accesibles a la comprensión de todos. Os invito a visitar sus páginas.

Otra web que he descubierto recientemente y que también está dedicada por entero a nuestro autor favorito se llama Un nommé Chesterton, escrita en francés. Es la web de la Association des Amis de G. K. Chesterton y, como todas las sociedades chestertonianas -sean de Europa o de América- consagra sus esfuerzos en dar a conocer la vida y la obra del genial polígrafo inglés, así como de todos los escritores que tuvieron relación con él, de un modo u otro, como Belloc, Bernard Shaw, Lewis, Baring o Tolkien

Esta página, creada en 2008, cuenta con un hermoso diseño y una interesante sección de libros que tratan sobre Chesterton, la mayoría escritos por ensayistas franceses, como era de esperar. Merece la pena visitarla, incluso si no sabemos francés, ya que cuenta con algunas referencias atrayentes acerca de este autor y de su mundo. 

A las ya de sobra conocidas American Chesterton Society y The Chesterton Society, del Reino Unido, se han ido uniendo en estos últimos tiempos otras como la Sociedad Chestertonia Argentina, la de Italia (con su excelente blog de L'Uomo Vivo) y esta última que he glosado aquí, la de Francia (Un nommé Chesterton). No me cabe duda de que irán apareciendo otras, porque el interés por la figura de Chesterton no deja de crecer. Buena prueba de ello son las páginas mencionadas, que se han convertido en pequeños rincones, a lo largo y ancho del mundo, desde los que irradia el pensamiento católico, cristiano, sensato y feliz de uno de los mayores escritores del siglo XX. 

Chesterton, pues, está de moda en la Red de Internet y eso es motivo de alegría en nuestro espacio, que no es más que un humilde tributo a su vida, su obra y sus ideas.

Cuidaos mucho, que Dios os bendiga y hasta que volvamos a encontrarnos, amigos.

jueves, 6 de mayo de 2010

EL CASTILLO DEL TERROR

EL CASTILLO DEL TERROR
(Cuento humorístico de miedo, homenaje a Bela Lugosi)


Hacía bastante tiempo que necesitaba unas vacaciones y, por fin, después de alguna que otra discusión con mis jefes, pude convencerles de que me dieran un permiso de una semana y decidí alejarme lo más posible del tráfago y del ruido escandaloso de la ciudad. Ya eran demasiadas las agitaciones de cada día.

Decidido a aprovechar al máximo aquellos bien merecidos días de asueto y de descanso, tomé el coche y me dirigí a un lejano pueblecito de provincias, donde sin duda respiraría aliviado y descansaría en paz. Me habían hablado muy bien de aquel pueblo ignoto y perdido, así que me pareció bueno ir allí a descansar y descubrirlo por mí mismo. Era un lugar apenas habitado, muy tranquilo y pintoresco. 

Gracias a la recomendación de un amigo, pude alojarme en el único hostal de la población, que se llamaba "Casa Inés", aunque ninguna de las personas que lo regentaba se llamaba Inés, cosa que no dejó de extrañarme. El hostal tenía las paredes encaladas y era una casa de tres pisos, con pocas habitaciones, pero limpias y bien arregladas. Tuve la suerte de que la mía diera a la sierra, con lo cual las vistas eran maravillosas. ¡Qué deliciosos atardeceres disfruté!

Todo discurría plácidamente hasta que una noche -la tercera que pasaba en el pueblecito- se me ocurrió preguntar por cierto viejo castillo que, durante mis solitarias caminatas por el lugar, había visto a las afueras de la localidad. Fue el dueño del hostal, don Facundo, quien me comentó que el castillo había pertenecido a un hacendado del pueblo vecino, pero estaba abandonado desde hacía muchos años.

"Sin embargo", me susurró don Facundo, "algunas noches hemos oído ruidos en el castillo y hemos visto apagarse y encenderse luces como por encantamiento. En ningún caso nadie quiere arriesgarse a dar un paseo nocturno cerca del castillo y, desde luego, yo no se lo recomendaría".

Picado por una insana curiosidad y dado mi natural carácter aventurero, tomé la resolución de pasarme por el castillo. Si estaba deshabitado, nada podía sucederme. Y si alguien moraba en él, hora era ya de que fuera descubierto.

Subido en una bicicleta que me habían prestado, no tardé más de media hora en llegar a los límites del castillo. La torre estaba desmochada y su ruinosa mole parecía gritar al cielo con una desoladora tristeza. 

El ulular del viento y de los búhos me turbó durante unos minutos. Recuperado del susto, cogí mi linterna y decidí adentrarme en el castillo. El portalón, viejo y desvencijado, no me ofreció resistencia alguna. Entré, pues, y ante mis ojos pude ver una estancia espaciosa, llena de polvo, trastos viejos y telarañas por doquier. Frente a mí, una escalera conducía al piso superior y no pude evitar la tentación de ascender por ella.

El piso de arriba no estaba en mejores condiciones. La total oscuridad apenas me permitía distinguir unas formas de otras, pero todo era un cúmulo de antiguallas, suciedad y muebles viejos. 

De pronto, oí un extraño ruido. ¡Una puerta que chirriaba y unos pasos, los pasos de un extraño, que se acercaban hacia donde yo estaba! Había alguien en el castillo... El corazón empezó a latirme con fuerza y se me aceleró la respiración. ¡Los pasos estaban cada vez más cerca! 

Hecho un manojo de nervios, se me cayó la linterna al suelo. Seguidamente, noté cómo una fría mano me tocaba la espalda. Lancé un grito y quise correr para huir de aquella fantasmal aparición, pero ésta me detuvo y me condujo hacia la estancia de la que había salido. 

A la débil de unas velas, pude vislumbrar el cuarto donde moraba el extraño, compuesto por una mesa vieja, un sillón tapizado de verde desvaído y un ataúd que debía hacer las veces de cama. Por todas partes había restos de comida y el aire que se respiraba estaba enrarecido por el agrio olor del tabaco y los vapores del alcohol.

"Tranquilícese, amigo", me dijo el extraño. "Yo estoy tan sorprendido como usted. Nadie había venido nunca a verme, así que en cierto modo me alegro de su visita".

"¿Es usted el dueño del castillo?", musité, aún tembloroso.

"No, por cierto. Me llamo Anselmo Lugones. Hace muchos años trabajé en este castillo. Pues verá... Yo me ganaba la vida en el cine, en películas de miedo, de serie B, y hace ya años usamos este castillo en varias producciones. ¿Ha visto usted Las siete novias de Drácula, La maldición de Drácula o El retorno de los muertos vivientes?" Ante mi negativa, el hombre, casi un anciano, suspiró varias veces, se pasó una mano por el rostro, rugoso y ajado por el paso de los años, y me contó su historia. La historia de un actor de mala muerte (y con mala suerte) que había participado en algunos rodajes en aquel desolador castillo.

"Cuando la industria de las películas de miedo de serie B se vino abajo, me quedé en el paro. Sin embargo, me pudo la nostalgia, y decidí volver al que había sido mi hogar durante aquellos días felices. Por eso me siento un poco como el malvado conde que aparecía en aquellas películas, y hasta duermo en el ataúd que usábamos en los rodajes. Subsisto con algunos productos de la huerta que yo mismo recolecto. El dueño no se llevó los vinos de la bodega y con eso y poco más, me apaño. Le ruego que no diga nada en los pueblos de por aquí. Vivo feliz, casi como un ermitaño, y no deseo molestar a nadie".

Me despedí de él, aún con el corazón en un puño. Fue la vez que más miedo pasé en mi vida. Pero el miedo dio paso a la tristeza, porque la historia del fracasado Anselmo Lugones me hizo pensar en lo despiadada y lo injusta que es la vida con algunas personas.

Volví a la gran ciudad. Por supuesto, a nadie del pueblo le referí mi aventura en el castillo, pero ya nunca pudo abandonarme la visión de aquel pobre hombre, vagando solo por las ruinosas y polvorientas habitaciones del castillo, como un fantasma solitario, representando tal vez una última película que nunca vería nadie.

Desde luego, fue la última vez que se me ocurrió pedir un permiso de vacaciones. ¡Pobre, pobre "conde" Anselmo! Sólo de imaginármelo en aquel paraje desolado hace que se me parta el corazón y llore sin consuelo.

miércoles, 21 de abril de 2010

ALGUNAS NOVELAS POLICIALES (y 4)

CRONOLOGÍA DE ALGUNAS NOVELAS POLICIALES
Seriamente recomendables

Autores de la R a la Z

SAYERS, Dorothy L.,

Lord Peter descubre el cuerpo, 1928.
El enigma del veneno, 1930.
La muerte, agente de publicidad, 1933.
Los nueve sastres, 1934.

SIMENON, Georges,

Pietr el letón, 1931.
Crimen en Holanda, 1931.
El caso Saint-Fiacre, 1932.
Cécile ha muerto, 1940.
Firmado Picpus, 1941.
El inspector cadáver, 1941.
Maigret se equivoca, 1953.
Maigret tiende un lazo, 1955.
Maigret y las buenas personas, 1961.
Maigret y Monsieur Charles, 1972.





STOUT, Rex,

Fer-de-Lance, 1934.
La liga de los asustados, 1935.
La segunda confesión, 1949.
Las arañas doradas, 1953.
Tres testigos, 1953.

SYMONS, Julian,

El hombre que se mató a sí mismo, 1967.

VAN DINE, S. S. (seudónimo de Willard Huntington Wright),

El misterioso asesinato de Benson, 1926.
El caso del canario asesinado, 1927.
El asesino fantasma, 1928 (también traducido en castellano como La serie sangrienta).
Los crímenes del obispo, 1929.

WALLACE, Edgar,

El astuto Mr. Reeder, 1929.

WOOLRICH, Cornell (más conocido por su seudónimo de William Irish),

No quisiera estar en sus zapatos, 1943.
Ángel negro, 1943.
Lo que la noche revela, 1944.
La novia iba de negro, 1946.
La ventana indiscreta, 1954.

ZANGWILL, Israel,

El misterio de la casa Bow, 1892.

Con esto terminamos esta breve serie sobre algunas novelas policiales muy recomendables. Algunas son difíciles de encontrar hoy en día, pero la mayoría han sido reeditadas.

Como siempre, os deseo lo mejor. 
Buena lectura y que Dios os bendiga.

ALGUNAS NOVELAS POLICIALES (3)


CRONOLOGÍA DE ALGUNAS NOVELAS POLICIALES
Seriamente recomendables

Autores de la I a la Q


ILES, Francis (o sea, Anthony BERKELEY COX)

Sospecha, 1932.

INNES, Michael,

¡Hamlet, venganza!, 1937.
La torre y la muerte, 1938.
Muerte en la rectoría, 1936.

LEROUX, Gaston,

El misterio del cuarto amarillo, 1907.

LOWNDES, Marie Belloc,

Un huésped excéntrico, 1913.

MANKELL, Hennig,

La serie del Inspector Kurt Wallander, años 90, hasta 2009, en particular Los perros de Riga y Asesinos sin rostro, aunque son buenas casi todas.

MASSON, A. E. W.,

El misterio de Villa Rosa, 1910.

ORCZY, Baronesa,

El viejo en el rincón, 1909.

POE, Edgar Allan,

Los crímenes de la Rue Morgue (los tres casos de Dupín y algún cuento más, de corte policial, como The Man in the Crowd).

QUEEN, Ellery,

El misterio del sombrero de copa, 1929.
La Tragedia de X, 1932.
La Tragedia de Y, 1932.
La Tragedia de Z, 1933.
El último caso de Drury Lane, 1933.
Las nuevas aventuras de Ellery Queen, 1942.



ALGUNAS NOVELAS POLICIALES (2)

CRONOLOGÍA 
DE ALGUNAS NOVELAS POLICIALES (2). 
Dedicado al amigo RICTUS MORTE, con todo mi aprecio.

Autores de la D a la H

DOYLE, Sir Arthur Conan,

Aventuras de Sherlock Holmes, 1891-92.
Memorias de Sherlock Holmes, 1893.
El Sabueso de los Baskerville, 1902.
El regreso de Sherlock Holmes, 1903.

DÜRRENMACHT, Friedrich,

El juez y su víctima, 1954.

FAULKNER, William.

Gambito de caballo, 1949.

FREEMAN, R. Austin.

Los casos del Dr. Thondyke, 1909.

FUTRELLE, Jacques.

La Máquina Pensante, 1907.

GABORIAU, Émile.

El caso Lerouge, 1863.

GARDNER, Erle Stanley.

El caso del gato del portero, 1935.
El caso del fantasma atractivo, 1955.

GREENE, Graham.

El tercer hombre, 1950.

HAMMETT, Dashiell

Cosecha roja, 1921.
La maldición de los Dain, 1921.
El halcón maltés, 1930.
La llave de cristal, 1931.
El hombre delgado, 1934.

HIGHSMITH, Patricia.

Extraños en un tren, 1949.
El cuchillo, 1954.
El talentoso señor Ripley, 1955.

SE PUEDEN AÑADIR MUCHAS MÁS. 


Si se os ocurre alguna, decídmelo. Seguiré otro día, con las letras que faltan en este 'Alfabeto del Crimen y la novela policial...'

Que Dios os bendiga y la Virgen os guarde de todo mal.

ALGUNAS NOVELAS POLICIALES

CRONOLOGÍA DE ALGUNAS NOVELAS POLICIALES

Autores de la A a la CH

AMBLER, Eric

La máscara de Dimitrios, 1939.

BENTLEY, Edmund C.

El último caso de Trent, 1913.

BERKELEY, Anthony,

El caso de los bombones envenenados, 1929.

BIGGERS, Earl Derr,

La casa sin llaves, 1925.

BLAKE, Nicholas

La bestia debe morir, 1938.

BRAMAH, Ernst,

Max Carrados, 1914, 23, 27.

CAIN, James M.

El cartero siempre llama dos veces, 1934.
Pacto de sangre, 1936.

CARR, John Dickson,

El hombre hueco, 1935.
La tabaquera del emperador, 1942.

CHANDLER, Raymond

El sueño eterno, 1939.
La dama del lago, 1943.

CHASE, James H.

El secuestro de Miss Blandish, 1939.

CHESTERTON, Gilbert K.

El candor del padre Brown, 1911.

CHRISTIE, Agatha,

Poirot investiga, 1924.
El asesinato de Roger Acroyd, 1926.
Asesinato en el Orient Express, 1934.
Los crímenes de ABC, 1936.
Muerte en el Nilo, 1937.
Diez negritos, 1939.
Cinco cerditos, 1942.

COLLINS, Wilkie

La piedra lunar, 1868.

lunes, 1 de febrero de 2010

Arantxa Jones, traductora de GKC (y 2)

Aquí está la segunda parte de la traducción del debate entre Chesterton y Blatchford. He de agradecer de nuevo este trabajo a nuestra amiga Arantxa y a vosotros los amables comentarios que habéis ido insertando. Me consta que esta traducción ha hecho muy feliz al amigo Yasser Ávila. Y a mí, por supuesto.

Por cierto que en la anteror entrega se me olvidó escribir el nombre completo de la traductora, y bien merece que su nombre figure completo: se llama Mª Aránzazu Oteo Ugarte, aunque los amigos la llamamos Arantxa (a secas) y ya ha pasado a la historia de los blogueros españoles como nuestra amiga 'Arantxa Jones'.

De nuevo: ¡Un besazo, Arantxa! No sabes lo feliz que me hiciste cuando me comunicaste que tenías acabada la traducción. Os confieso que ella no se da ninguna importancia y que se ha tomado este trabajo de traslación como un juego. Pues bendito juego y bendita filosofía de vida...

"LA LIBERTAD DE DIOS"
-DEBATE CHESTERTON-BLATCHFORD-
(Segunda parte)
(American Chesterton Society)
Robert Blatchford: Murder, Mr Chesterton, however an unusual and unpleasant incident, it´s still more natural than its miraculous antithesis, resurrection.


Robert Blatchford: El asesinato, Sr Chesterton, aunque sea un incidente poco habitual y desagradable, es aún así más natural que su antítesis milagrosa, la resurrección.


Gilbert Keith Chesterton: It’s in an incident, true or false, like in a murder, that we all want a witness to that incident. The witness should be honest and in possession of his five senses. One does not need any learning to know that a man was killed, or that a man was raised from the Death, just as there is no need to be an astronomer to say that a star fell from Heaven, or a botanist to say the fig tree has bred fruits, or a chemist to say that one has seen water turned into wine, or a public sergeant to say that one has seen wound in the hands of Saint Francis, and ask if this man either a liar or he is a madman, or perhaps he’s telling the truth.


There’s possibility of being an incident witness and it is undemocratic to refuse popular evidence on such points: it´s like refusing to believe that someone with a jingling jangling gown could ever have been a witness to a velatory.


Gilbert Keith Chesterton: Es en un incidente, verdadero o falso, como en un asesinato, en el que todos queremos que haya un testigo para el mismo. El testigo debería ser honrado y estar en posesión de sus cinco sentidos. No hace falta que uno tenga instrucción para saber que un hombre fue asesinado, o que un hombre venció a la muerte, del mismo modo que no es necesario ser astrónomo para decir que una estrella cayó del firmamento, o un botánico para decir si la higuera ha dado frutos, o un notario para dar fe de que uno ha visto los estigmas de San Francisco, o para preguntar si este hombre es un mentiroso o un loco, o quizás esté diciendo la verdad.


Hay posibilidad de que uno sea testigo de un incidente y es antidemocrático negar la evidencia popular en tales casos: es como negarse a creer que alguien con una túnica de cascabeles (con traje de bufón) no haya asistido en alguna ocasión a un velatorio.


R. B: Even so, I rather doubt if any of you arguments on the truth of miracles would even stand in a court of law. I think it would be very difficult to convince any modern judge in an English court of the truth of resurrection.


R. B: Incluso en ese caso pongo en duda que alguno de sus argumentos sobre la verdad de los milagros pudiera mantenerse en pie en un juzgado. Creo que sería muy difícil convencer a cualquier juez moderno en un juzgado inglés de la verdad de la resurrección.


G.K.C: Not difficult, Mr Blatchford, impossible. It does not seem to occur to you that we Christians may not have such an extravagant reverence for English judges as you do.


The experiences of the Founder of Christianity have perhaps left us in a vague doubt of the infallibility of the courts of law.


G.K.C: No difícil, Sr Blatchford, imposible. No parece ocurrírsele que puede que los cristianos no tengamos una reverencia o un respeto tan extravagante por los jueces ingleses como ud. Las experiencias de los Fundadores de la Cristiandad quizás nos hagan poner en duda la infalibilidad de los juzgados.


R.B: Then, if you do not consider the pulse and judgement of the courts of justice, consider the pulse and judgement of other religions, the fact is the Christian denies the miracles of the Moslem as the Moslem denies the miracles of the Christian.


R.B: Entonces, si no considera el dinamismo y buen juicio de los juzgados, considere ud. el funcionamiento y la opinión de otras religiones, el hecho de que el cristiano niega los milagros del musulmán y el musulmán niega los milagros del cristiano.


G.K.C: Mr Blatchford, you are quite wrong in supposing that the Christian and the Moslem deny each other´s miracles. No religion that thinks itself true bothers about the miracles of another religion. It denies the doctrines of that religion; it denies its morals; but it never thinks it worthwhile to deny its signs and wonders.


And why not? Because these things most men have always thought possible. Because the general existence of the world of spirits and of strange mental powers is a part of the common sense of all mankind. The Pharisees did not dispute the miracles of Christ; they said they were worked by devilry. The Roman world did not deny the possibility that Christ was a God. It was to far too enlightened for that.


What matters about a religion is not whether it can work marvels like any ragged Indian conjurer, but whether it has a true philosophy of the Universe.  The Romans, as I said, were quite willing to admit that Christ was God. What they denied was that He was the God – the highest truth of the cosmos. And this is the only point worth discussing about Christianity.


G.K.C: Sr Blatchford, está bastante equivocado al suponer que el cristiano y el musulmán niegan los milagros del otro. Ninguna religión que se considere a sí misma auténtica se preocupa por los milagros de otra religión. Niega las doctrinas de otra religión, niega su moralidad, pero nunca piensa que merezca la pena negar sus signos y sus maravillas.


¿Y por qué no? Porque la mayoría de la gente siempre ha pensado que estas cosas sean posibles. Porque la existencia general del mundo de los espíritus y de los poderes mentales extraños es parte del sentido común de toda la humanidad. Los fariseos no ponían en duda los milagros de Cristo, decían que los hacía el maligno. Roma no negaba la posibilidad de que Cristo fuera un dios; era demasiado culta (iluminada) para eso.


Lo que importa sobre la religión no es si puede hacer maravillas como cualquier harapiento malabarista hindú, sino si tiene una filosofía auténtica del universo. Los romanos, como ya he dicho, estaban bastante dispuesto a admitir que Cristo era Dios. lo que negaban era la posibilidad de que Él fuera el (único) Dios, la mayor verdad de todo el cosmos. Y este es el único punto que merece la pena discutir sobre el cristianismo.


R.B: Mr Chesterton, despite the spell of your fast answers and your own credulity of the miracles I´m quite certain that you cannot perform a miracle.


R.B: Sr Chesterton, a pesar del encantamiento de sus rápidas respuestas y de su propia credulidad respecto a los milagros estoy bastante convencido de que ud. no puede obrar milagros.


G.K.C: I wouldn´t have done it, but I must reveal to the public that little knows me that I cannot work miracles. It has been discovered that I cannot move Westminster Abbey for Londoners to appease, nor can I leave it there, which would even be more miraculous in my case.


However it affects the question whether miracles can happen about as much as the fact that I cannot tame lions affects the question of whether they have ever been tamed. A miracle is by hypothesis a marvel; that is to say that it is a very rare and very unexpected thing. If it could be done at any moment by anybody it´d no longer need the definition of being a miracle. I cannot work miracles but I think it probable that some people can and I seem to remember somebody who I believe could work miracles that was taunted in the hour of death with not working them and taunted in vain.


G.K.C: No lo habría hecho, pero debo revelar al público que quizás me conozca poco que no puedo hacer milagros. Ya se ha descubierto que no puedo mover la Abadía de Westminster para complacer a los londinenses, ni puedo dejarla allí, lo que sería aún más milagroso en mi caso.


Sin embargo, esto afecta a la cuestión de si los milagros pueden ocurrir tanto como el hecho de que yo no pueda domar un león afecta al hecho de que alguna vez alguien los haya domado. Un milagro es por hipótesis una maravilla, lo que quiere decir que es algo muy raro y muy inesperado. Si cualquiera pudiera hacerlo en cualquier momento ya no sería necesario definir lo que es un milagro. No puedo obrar milagros pero creo que es probable que haya gente que sí que puede, y me parece recordar a alguien que sí que creo que podía hacer milagros y que fue objeto de burla por eso en la hora de su muerte, y que se mofaron de Él en vano.